Adri On Tour

El dragón, el trompetista y otros invasores de Cracovia

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IMG_20180414_150111785En una nueva etapa en la gira centro europea 17/18, tocaba volver a Polonia, esta vez a Cracovia para visitar a Fernando, a quien tal vez recuerden de capítulos anteriores en Pilsen o en Viena, y que me acogió en su casa en la madrugada del jueves al viernes para pasar un fin de semana de los habituales que disfrutábamos en Praga hasta diciembre. Tras una larga noche en bus en la que dormí, gruñí, escuché y celebré en el Tiempo de Juego la clasificación del Atlético de Madrid a la quinta semifinal europea de Simeone en siete temporadas en el banquillo rojiblanco.

Cabe destacar para poder entender mejor el desarrollo del fin de semana el espectacular tiempo que hacía en la otrora capital del reino polaco. Sol radiante, ausencia de nubes y temperatura en torno a los 25 grados que hacía que retozar en el césped con el río Vistula a un lado y el castillo de Wawel en el otro fuera uno de los mejores planes. Pero Cracovia tiene mucho más que eso, es una ciudad que a lo largo de los siglos se ha sobrepuesto a diferentes guerras y dificultades, que la convierten en una ciudad legendaria y que merecía ser explorada.

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Lo que más llama la atención, aunque esto lo podía seguir viendo tranquilamente tumbado, es el Castillo de Wawel, construido por Casimiro III el Grande, sin duda alguna el mejor de los Casimiro, es un fortificación amurallada de gran magnitud compuesta por distintas estructuras en torno a un patio central. De estilo románico y renacentista, en él vivía el Rey Krakus, por quién posteriormente se llamó así a la ciudad, y que se tuvo que enfrentar a un serio problema que azotaba (en este episodio NO literalmente) a su población. Un dragón estaba devorando el ganando, quemando cosechas y matando a los habitantes, algo que por otro lado, y a fin de cuentas, viene siendo bastante peor que ser azotado.

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El Rey Krakus ofreció la mitad de su reino y a su hija, la princesa Wanda (la cuál se llamaba así sin que ningún chino pusiera dinero para que así fuese) para quién consiguiese acabar con el dragón. Numerosos caballeros de dudosa índole y temerarios mozalbetes perecieron en el intento hasta que un ingenioso zapatero urdió una trampa para el temido dragón. Preparó una oveja con azufre como cebo que terminó siendo letal para el dragón. Skuba, que así se llamaba el zapatero no se casó finalmente con Wanda por motivos que no han trascendido, hagan sus quinielas, pero sí que fue ordenado caballero.

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Imagen de archivo. No esperé a hacer la foto ni traía equipo de fotógrafos.

Al pie del castillo de Wawel hay una estatua de bronce de seis metros que cada cinco minutos escupe fuego por la boca en recuerdo del dragón y como burla a los turistas que pasan minutos con la cámara en alto tratando de captar el momento.

Respecto a la princesa Wanda hay distintas versiones, todas coinciden en que tras la muerte de su padre se convirtió en reina de Polonia, pero después de eso hay dudas si se arrojó al Vistula para evitar casarse con un rey germano, o si se suicidó harta de invasores encubiertos como pretendientes. Hay otra versión en la que el que se suicida es el rey germano que “quedó anonadado con su belleza y al no poder contemplar nada más esplendoroso decidió acabar con todo” y Wanda vivió una larga y feliz vida, sin alemanes.

IMG_20180414_143809886_HDR-EFFECTSPara terminar con los protagonistas de la leyenda he de decir que desconozco por completo si se rindieron homenajes de estado al rebaño al que pertenecía la oveja sacrificada. Los historiadores parecen obviar el asunto.

Caminar por Cracovia este fin de semana de abril era ir encontrándote entre sus calles con árboles llenos de hojas verdes, algo casi olvidado, muchos de ellos en flor, además de infinidad de iglesias, monumentos y plazas emblemáticas, la Plaza del Mercado, la más grande, eso seguro, de Polonia. El debate histórico-artístico a tres, junto a la de Breslavia y Varsovia puede dar casi para un libro aparte y voy a evitar meterme en ese jardín. Una de las cosas que más llama la atención de la plaza es la Basílica de Santa María, y de ella, el sonido de trompeta que suena desde la torre Hejnalica, a cada hora en punto, en dirección a cada uno de los puntos cardinales y que se corta de forma repentina.

Sin títuloEn el año 1241, los tártaros, provenientes de Mongolia, comandados por Baidar, nieto de Gengis Kan, venían de arrasar Kiev, capital religiosa de Rusia en aquella época, tenían como objetivo el Reino Magiar y para ello debían de hacerse con Polonia. La amenaza mongola se cernía sobre Cracovia. Aquí es donde entra en juego nuestro protagonista. En la torre Hejnalica se encontraba el vigía que divisó la llegada de las hordas tártaras e hizo sonar su trompeta para alertar a la población y al ejército de lo que se les venía hasta que un flechazo lo atravesó, de ahí que la música deje de sonar en seco.

En la actualidad es el cuerpo de bomberos quien se encarga de homenajear desde su torre al vigía que cayó por Cracovia. Se mantiene como un símbolo de unidad y resistencia polaca ante los innumerables invasores que han sufrido a lo largo de su historia. Menos se recuerda a Boleslao V, quién huyó con el rabo entre las piernas y rehusó entrar en batalla ante los tártaros que devastaron su ciudad y su ejército. Años más tarde, Boleslao volvió a Cracovia y sufrió otra invasión, de nuevo, a manos de los tártaros mongoles que le tenían tomada la medida.

Hoy día, Cracovia está invadida por españoles, cada cuatrimestre llegan más, por no hablar de los turistas de cada día. Las batallas se libran en el Teatro Cubano u otros locales nocturnos tras unas horas de reunión en el piso de turno, amenizadas por música de la región de origen, cerveza Zubr y Soplica, con juegos que te hacen llegar en mejor o peor disposición y con el acompañamiento de saladas señoritas aportando las jugadas con mejor sabor en los juegos anteriormente mencionados, con comentarios del tipo “Málaga es la Gijón del sur”, o simplemente con todo su arte.

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Polonia en general y Cracovia en particular es un lugar en el que se come bien. Tanto Fernando como yo somos de comer bien e incluso mucho. Desayunos, almuerzos, meriendas y cenas. Afectuosos saludos a Charlotte Café, donde nos dimos un gran festín para desayunar, extraordinaria mermelada de fresa y chocolate. Siempre recomendables los Mleczny Bar (Bar de leche) para saborear la comida tradicional polaca para almorzar, esos pierogis siempre presentes. Muy destacable degustación en la chocolatería de E. Wedel, la tradicional de Polonia. Los truck-foods, muy populares, sirven en Cracovia, como en Varsovia, una hamburguesa de categoría que no tiene nada que envidiar a la de ningún restaurante. Siempre, pero especialmente en esta época del año, las terrazas, tanto a media tarde, como por la noche, en las que poder probar distintos tipos de cerveza local. Y como olvidar la recena, en Cracovia lo más típico es el Zapiekanka, casi te sirve de desayuno del día siguiente.

Para terminar dos cosas:

– No he ido a ver ningún partido ni visitado ningún estadio en esta visita pero para todos los que quieran conocer algo sobre la cultura futbolística de Cracovia recomiendo este artículo de Toni Padilla en Marcador Internacional que aunque tiene unos años explica a la perfección la situación de la ciudad.

– Visiten Polonia, mola.

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Autor: Adri91R

De Ronda. Viajero y futbolero global

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